Vamık D. Volkan, M.D., DLFAPA, FACPsa.

 
 
 
 
 
 
APAG Conference in Sitges, Spain
 
November 14, 2008.
 
 
 
 
 
 
VAMIK’S VOLKAN p y FARHAD DALAL, DOS PENSAMIENTOS COMPLEMENTARIOS
 
 
 
 
J.M. Sunyer[1]; I. Hijosa[2]; M. Sallés[3].
 
 
 
 
[1]Doctor en Psicología, Grupoanalista, Miembro de la Fundación OMIE, Miembro titular de APAG,
Profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Ramón Llull.
[2]Psicóloga, Grupoanalista, Miembro titular de APAG.
[3]Psicóloga, Grupoanalista, Miembro titular de APAG.
 
 
 
  
 
 
 
 
Ante la celebración en noviembre próximo del V Congreso de la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal, vamos a tener la oportunidad de intercambiar impresiones, ideas y conceptos con dos profesionales que ejercen una particular influencia en el terreno de la psicoterapia de grupo. Ante este hecho, hemos considerado interesante realizar una introducción al pensamiento de estos autores con el fin de que nos vayan siendo algo más familiares.
 
Las razones por las que el Comité organizador del V Congreso de la Asociación de Psicoterapia Analítica Grupal, APAG, decidió ponerse en contacto e invitar a Vamık Volkan y a Farhad Dalal, residen en el interés que creemos pueden despertar en nosotros el esfuerzo y aportaciones que han ido realizando durante los últimos años. Por un lado tenemos a Farhad Dalal que ha concentrado sus esfuerzos en profundizar y perfilar la propuesta de Foulkes en torno a esto que denominamos Psicoterapia Grupoanalítica o Grupoanálisis. Por otro, nos encontramos a Vamık Volkan quien ha venido dedicando a lo largo de los últimos años a trasladar y acoplar las aportaciones psicoanalíticas en relación a la Psicoterapia de grupo al trabajo en contextos grandes, los grupos grandes, y de forma específica a indicar líneas de pensamiento e intervención que nos permitan comprender cómo y por qué emergen conflictos entre aquellos grupos humanos dominados por aspectos ideológicos, nacionales, religiosos o étnicos. Son ciertamente dos esfuerzos aparentemente distintos. Uno se centraría más en aspectos de la teoría, si bien su trabajo sobre el tema de la raza lo ubicaría en una zona más cercana a Volkan. El otro, habiéndose centrado fundamentalmente y a lo largo de los últimos años en facilitar la comprensión y un cierto grado de reconciliación entre pueblos en conflicto, se acercaría al primero en el valor que tiene el contexto social en la formación del individuo. Dos trabajos de apariencia dispar pero que creemos que tienen puntos comunes que perfilan un denominador común que permite establecer puentes entre ambos.
 
Vamık D. Volkan:
Por un lado, pues, tenemos a Vamık D. Volkan que es un psicoanalista nacido en Chipre, lugar en el que ha persistido y persiste un conflicto importante entre turcos y Griegos. Compartió apartamento en Ankara (Turquía) con otro estudiante turco-chipriota también, durante los últimos años como estudiante de medicina, emigrando a los Estados Unidos en 1957. Pocos meses después, su compañero de habitación muere como consecuencia del ataque de unos terroristas greco-chipriotas (Volkan, V. 2006[1]). Esta experiencia es una de las que, a mi entender, marcará parte de su trayectoria profesional, al igual que el hecho de que su mujer, Elizabeth Palonen sea una huérfana de la segunda guerra mundial y que dedicó importantes esfuerzos en la localización de su padre muerto en el conflicto con los Nazis en Italia (2006:18;132). Dos elementos biográficos que consideramos que tienen su importancia en algunos aspectos de su desarrollo como psicoanalista.
 
Vamık D. Volkan es un importante referente en el estudio de los grupos grandes desde una perspectiva psicoanalítica. Desde su formación y experiencia se dio cuenta de otro fenómeno que, en realidad, debía ser obvio para todos nosotros. Pero no lo fue. Los psicoanalistas normalmente tienen una “ilusión” basada en el hecho de que como han realizado un análisis personal, leído y estudiado la teoría psicoanalítica que explica el mundo interno de las personas, están libres de prejuicios en lo que atañe a las relaciones internacionales y la política. En realidad lo que ocurre es que el análisis personal del futuro psicoanalista no incluye una exploración profunda de las vinculaciones con aspectos éticos, nacionales o religiosos del analizado. Y a menos que el psicoanalista no sufra de un prejuicio maligno o de una paranoia, sus sentimientos en relación al grupo grande al que pertenece no aparecen en el diván. La “necesidad de tener enemigos y aliados” (Volkan, 1988) del ser humano en el contexto del grupo grande no se discute. Conocemos que analistas y analizados a menudo se avergüenzan y evitan abordar estos aspectos relativos al grupo grande. Muchos aspectos de la historia del grupo grande son inductores de ansiedad (Loewenberg, 1991; Rangell, 2003). Por ejemplo, un analista que sea superviviente del Holocausto puede mostrar resistencias a explorar la transmisión transgeneracional del trauma en el analizando que es hijo de otros supervivientes, o en personas Judías afectadas por el Holocausto (Blum, 1985).
 
Durante las dos últimas décadas, he tenido muchas oportunidades de supervisar jóvenes psicoanalistas alemanes que se resistían a tomar en análisis a alemanes conectados con la historia familiar Nazi (Volkan, Ast y Greer, 2002). De forma similar, cuando leía escritos sobre el conflicto en Oriente Medio, de psicoanalistas Israelíes y Árabes (Varvin y Volkan, 2003), no podíamos evitar el darnos cuenta de que cuando se trata de sentimientos étnicos, nacionales, religiosos o incluso ideológicos, los psicoanalistas (como los políticos, los diplomáticos y como cualquier otro), mostraban prejuicios y respondían a la propaganda y a las manipulaciones de sus líderes políticos. Para evaluar los procesos internacionales y las relaciones entre los líderes y sus seguidores de forma correcta, es importante contar con la experiencia en el terreno internacional y la dificultad de “trabajar continuamente” sobre los significados y la función de los sentimientos provenientes del grupo grande. De otra forma, puede haber contaminación y producir efectos perjudiciales que cambia las percepciones. (Volkan, 2005b[2]:6). En este párrafo aparecen varias cosas de entre las que entresacaríamos dos ideas: la idea de transmisión transgeneracional, y la de la influencia social. Creemos que pueden sernos útiles para establecer puentes con el pensamiento de Dalal.
 
Volkan señala que no conoció personalmente a Erikson, independientemente del conocimiento que tuviera de él a través de encuentros profesionales, hasta que aparece el proyecto Big Sur. De Erikson destaca el interés por las influencias culturales y sociales en el desarrollo infantil y los ocho estadios del desarrollo desde la infancia hasta la senectud. Y en particular, el concepto que adopta y que le será útil en su trabajo posterior es el de Identidad (2006:14). Tras ese concepto Erikson mostró su interés en lo que denominó proceso de pseudo-especialización por el que en los inicios de la historia de la humanidad cada grupo humano desarrolló una forma distinta de identidad, vistiéndose de formas diferentes como protección frente a otros grupos que lo hacían de forma distinta. La hipótesis de Erikson fue que cada grupo acabó creyéndose que era el poseedor de la auténtica identidad humana. En consecuencia cada grupo acabó convirtiéndose en pseudo especies, adoptando actitudes de superioridad frente a otros grupos (:15). A partir de ese punto Volkan describe la identidad del grupo grande como cientos, millones de personas, la mayoría de las cuales no se encontrarán ni conocerán jamás, que comparten un sentimiento de similitud permanente (:15). Creo que a partir de ahí podemos introducirnos un poco más en su trabajo.
 
Volkan declara que su interés en el terreno de los grupos grandes surge a partir del momento en el que el asesinado presidente de Egipto, Anwar Sadat, al visitar el parlamento Israelí indicara que el 70% los problemas entre ambos pueblos son de origen psicológico. Eso despertó un gran interés en la APA y facilitó que Volkan creara el Centro para el Estudio de la Mente y de las Interacciones Humanas (CSMHI) bajo los auspicios de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia, con miras de desarrollar sistemas de ayuda psicológica en los procesos de paz entre grupos grandes (Volkan bibliografía). A partir de ese momento tal y como señala Levine, H.B., (2005[3]), Volkan ha participado en el estudio e intentos de resolución de conflictos y crisis internacionales bajo los auspicios de las Naciones Unidas, el Centro Carter, el Centro de Estudios de la mente y de las relaciones Humanas de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia que fundó y lideró, y el FBI. Los problemas con los que se enfrentó incluyen a Israel, Egipto y Palestina; Chipre, Turquía y Grecia, Bosnia, Servia y Yugoslavia; Ruanda, Armenia y Azerbaiyán, Osetia del sur y la república de Georgia, Letonia Estonia y Rusia; Albania; Kurdistán; y Waco, en Texas (2006:2) Ello nos permite considerar que las aproximaciones a una comprensión psicoanalítica nacerían más de la práctica asistencial con representantes de grupos grandes que con la traslación de lo que se puede ver en la práctica asistencial con una o varias personas a una situación contextual absolutamente distinta. Es decir, cuando nos encontramos con representantes de esos grupos con lo que Volkan se encuentra es con portavoces de los sentimientos de esos grupos a los que representan y no sólo con personas que, como tales, tienen una particular y determinada estructura mental.
 
En este terreno es bueno recordar que para Volkan la penetrante influencia de la Realpolitik en los gobiernos, no ha permitido que los políticos, diplomados o políticos científicos tengan una actitud abierta hacia el psicoanálisis. Desde que Ludwing von Rochau (1853) introdujo este concepto, la idea ha evolucionado hasta acabar significando una evaluación racional y una valoración realista de las opciones validas en los avatares entre un grupo grande y sus enemigos en donde no se consideran los procesos psicológicos. Siguiendo el éxito espectacular de la Realpolitik, el realismo acabó dominando el pensamiento del siglo XIX iniciándose dicha forma de análisis con Otto von Bismarck (1815-1898), primer ministro y arquitecto del Imperio Alemán. (2005:3) Ello nos conduce a que los análisis y las actuaciones políticas queden en la zona racional, olvidándose de que hay un complejo sistema inconsciente que domina tal funcionamiento.
 
Para Volkan existe una diferencia entre la comprensión de los grupos grandes formados por entre 30 y 150 miembros, y aquellos otros grupos grandes de carácter nacional, étnico o religioso (2005[4]). Una de las características que lo diferencia es el hecho que en estos últimos la persona nace en su seno: the membership in such large groups begins in childhood (2005:4), lo que hace que desde el mismo nacimiento la identidad personal venga entrelazada con la identidad del grupo grande: Elsewhere I illustrated (Volkan 1988, 1997, 2004ª) how each member’s core personal identity is intertwined with their large Group identity. (2005:4). Ello ya nos coloca en ese punto importante que es el de la identidad en torno al que girará buena parte de su pensamiento teórico.
 
Como ya hemos visto, Volkan, y coincido con él, considera que la perspectiva psicoanalítica no es suficiente para comprender la complejidad de los fenómenos que se dan en los seres humanos debido a que no se incorpora la importancia de estos contextos. En efecto, la teoría psicoanalítica ha contribuido muchísimo a la comprensión de los fenómenos psíquicos entendidos como los que se desarrollan en el individuo. O el individuo en relación al otro e inclusive, a lo que varias personas tejen entre sí al constituir un grupo pequeño. Cierto que hay aportaciones como las de Anzieu. Kernberg y otros que siguiendo los pasos de Bion tratan de desarrollar lo que sucede en grupos grandes, pero siempre atendiendo a la estructura psíquica individual. Sin embargo, el psicoanálisis no ha acabado de emprender la comprensión de los fenómenos que se dan en contextos grandes en los que los elementos étnicos, religiosos, políticos y culturales están omnipresentes, o lo que sucede entre estos grupos y sus líderes políticos.
 
No olvida la importancia de los desarrollos teóricos de Bion, con sus tres supuestos básicos como elementos que subyacen en los grupos de trabajo y que emergen con toda su fuerza cuando las ansiedades desbordan la tarea. Y tampoco desecha las aportaciones de E. Hopper quien introduce el cuarto supuesto. Ahora bien, aunque el trabajo clínico de Volkan se sustenta en el psicoanálisis y como psicoanalista, eso no le impide constatar que hay un mundo real contaminado por pensamientos, fantasías, emociones, tanto conscientes como inconscientes, que provienen de traumas y glorias pasadas y que han penetrado en la forma de ser y sentirse grupo de las gentes que lo constituyen. De esta forma, tanto las pérdidas como las humillaciones, los procesos de separación y duelo, los sentimientos de venganza y rabia y una gran dificultad en aceptar los cambios reales, acaban constituyéndose como en elementos que dificultan el encuentro entre grupos grandes de diversas procedencias, historias, culturas y costumbres. Desde esta realidad, busca poder comprender y elaborar un pensamiento teórico que le permita desarrollar algún sistema de aproximación y ayuda.
 
Ya hemos señalado que uno de los elementos fundamentales es la noción de identidad, de la identidad del grupo grande. Para ello, a partir de la idea de la cucaña[4]en torno a la que se baila en determinadas fiestas populares, nos propone la metáfora de una gran carpa que sería la representación de lo que denomina identidad del grupo grande (2005:7). Esta idea se articula con la de Freud en la que el líder es el depositario de las idealizaciones que los miembros del grupo hacen de él y que es lo que les permite agruparse, mitigando así, las lógicas tensiones de rivalidad que subyacen en toda agrupación. Así, dice Volkan, desde un punto de vista de la psicología individual,  el mástil central representaría el padre idealizado, o la madre nutriente, en tanto que desde el punto de vista del grupo grande la función es la de mantener la carpa, protegiendo y manteniendo así, la identidad del grupo. El pensamiento aquí parece Freudiano.
 
Siete serían las características que constituirían tal identidad:
El compartir conjuntos de concretas imágenes que están asociadas con emociones positivas. El ser humano desde su nacimiento está condicionado por el contexto en el que se encuentra de forma que los elementos constitutivos de su identidad individual y los de la identidad colectiva quedan entrelazados, especialmente a lo largo de los 36 primeros meses aunque ello perdura hasta la adolescencia (Volkan, 2004[5]). Con el tiempo, y su desarrollo y socialización, el niño va localizando lo que Volkan denomina reservorios operativos, es decir, conjunto de imágenes significativas que son contenedoras de elementos del gran grupo. Por ejemplo, si pensamos en la identidad española, la “tortilla de patatas” podría ser uno de ellos (2004:37-40).
 
Identificaciones compartidas de elementos buenos. De la misma manera que hay contenedores de elementos que nos sirven para sentirnos parte del grupo grande, las identificaciones de aspectos buenos como el idioma, la forma de vestir, aficiones, costumbres, son aspectos que provienen del grupo grande y nos permiten también sentirnos miembros de él (Vokan, 2004:40-44).
 
Hacer propias las malas cualidades de los otros. En este punto se le percibe cercano al trabajo de Freud de 1921 y en concreto a lo que señala MacDougall en relación a las cinco condiciones que debe cumplir un grupo para considerarse como tal. En concreto Volkan señala que el grupo grande no se constituye en el vacío sino en relación a otros grupos grandes. Entonces el grupo “poderoso” proyecta sobre el “no tan poderoso” una serie de aspectos que no puede aceptar como propios. En consecuencia los constituyentes de la identidad de ese segundo grupo, saturados por la continua proyección de elementos negativos por parte del primer grupo que, además lo condiciona económica y culturalmente, reaccionan de manera que tratan de deshacerse de esas “malas cualidades” que se les revierte sobre ellos. Como ejemplo podríamos considerar cómo en muchos casos el ser “charnego” en Cataluña o “Maketo” en el País Vasco, es sinónimo de disponer de esos malos atributos, por lo que debo renegar de ellos para dejar de ser charnego, maketo y poder integrarme así al nuevo grupo de pertenencia. (2004:44-45).
 
Absorción de los mundos internos de los líderes, tanto revolucionarios como transformadores. El tema es complejo ya que los líderes tratan de empatizar con el grupo grande del que emergen. Pero en muchos casos se da la situación de utilizar esa misma capacidad empática para facilitar que los miembros del grupo acaben asumiendo el pensamiento de estos líderes como algo propio. De hecho es su empeño, consiguiendo reafirmar la idea de que lo que yo pienso, el grupo es. Sobran ejemplos en la política. (2004:45-47)
 
Glorias escogidas:
Traumas elegidos. La vida de los grupos grandes está plagada de hechos históricos tanto de coloración gloriosa como traumática. Suelen ser el resultado de contiendas con otros grupos cercanos, pero también provienen de niveles de desarrollo, de avances y descubrimientos, de momentos de dominio, o por el contrario, fracasos, derrotas, humillaciones. Pues bien, tanto unos como otros acaban siendo mitificados y leídos parcialmente con la intención de hacer prevalecer siempre la confirmación de que nuestra identidad es la que es y no otra. Es más, se busca la mitificación de los lugares en los que tales hechos tuvieron lugar, o la de personas que reencarnaron la esencia del grupo (2004:47-52).
 
Formación de símbolos que desarrollan su propia autonomía. No sólo hablamos de banderas sino de símbolos que pierden su significación original para ser adoptados como representaciones del grupo grande. Desde el dibujo de un animal a una determinada manera de poner un pañuelo o lazo. (:52-55)
 
La existencia de estos elementos, estas marcas, viene muy entretejido con movimientos afectivos colectivos, en especial los momentos de regresión grupal. Todos sabemos que un grupo grande tiene una gran tendencia a desmenuzarse, a entrar en estados de confusión, movimientos que guardan mucha relación estas situaciones regresivas. Dichas situaciones no son necesariamente negativas: sólo dependerán del curso que tomen tales movimientos y muy particularmente del papel que desarrollen los líderes políticos en la contención, prevención y en la utilización de esa posición colectiva. Si los elementos constitutivos de la identidad del grupo grande son utilizados de forma flexible, constructiva, no con miras fragmentadoras sino integradoras y de buena relación con otros grupos vecinos, la regresión tiene un valor creativo o, si se utiliza en otra dirección, destructivo. Ello reposa, pues, en la figura del líder ya que el grupo tiene tendencia a depositar una confianza ciega en él.
 
La posición más dañina proviene de las actuaciones de los líderes que se centran más en la obtención de sus propios beneficios (si bien de forma oculta), en el alcanzar conscientes e inconscientes necesidades personales, y que, en consecuencia, y en la utilización de la confianza ciega que se deposita en ellos, tienden a demonizar a los grupos contrarios u opuestos, a la deshumanización del enemigo, y a favorecer que los miembros del grupo soporten niveles de sadismo o masoquismo siempre en aras de preservar la identidad colectiva.
 
En este terreno, Volkan señala que en especial el terrorismo, y en concreto el terrorista, no es tanto un psicótico cuanto alguien cuya identidad personal ha sido sustituida por una identidad de grupo grande. Por lo general son personas profundamente dañadas en varios niveles de su desarrollo y que en estas circunstancias, la toma de la identidad grupal queda articulada con poderosos sentimientos de daño, de ser víctima y, en consecuencia, la tendencia a buscar la venganza asumiendo una representación en sí mismos del grupo grande al que dicen defender. En este sentido, la evolución es que se adopta una identidad proveniente del grupo grande y, posteriormente, este mismo grupo grande acaba aprobando la identidad adquirida. Algo similar sucede en los grupos sectarios, sean de tipo religioso o étnico.
 
En el conflicto juega un papel importante la idea de trauma. Trasladando el concepto de Estrés Prost Traumático que viene definido en el DSM, señala que en el terreno social, dicho proceso incluye:
Nuevas preocupaciones sociales, que se concretan en productos, hechos, actividades que pueden proceder del causante del trauma. Modificaciones en las costumbres que se dan en un momento dado, en tanto que determinadas costumbres son vividas como las que representan la identidad perdida y por lo tanto tienen que recuperarse.
 
la edificación de monumentos que acaben siendo la representación de objetos vinculantes, en tanto que se considera que determinados símbolos van a ser los que perpetúen la memoria histórica. En este terreno juegan un papel importante las zonas calientes, lugares físicos en los que pudo suceder tal o cual hecho y que acaban convirtiéndose en lugares de peregrinación nacional.
 
la transmisión transgeneracional del hecho traumático, en tanto que el duelo por las pérdidas habidas parece que no puede acabar de realizarse y se transmite de generación en generación, con lo que se acaba mitificando el hecho e imposibilitando, a su vez, la superación del mismo. En cada nueva situación en la que haya una posible vivencia de trauma, el rememorar el hecho traumático, el revalorar las zonas calientes, son utilizadas para perpetuarlo y reactivar las reacciones del grupo en contra del otro que nos amenaza.
 
Ante todo este desarrollo, propone un modelo de intervención que lo denomina “el modelo del árbol” y que consiste en un proceso cuya base, representada por las raíces, se fundamenta en un diagnóstico psicopolítico; el tronco representaría los años de diálogos psicopolíticos entre representantes significativos de los grupos opuestos; y las ramas todo lo que se aprende de esos diálogos en los diversos niveles tanto oficiales como no oficiales y en los que están representadas todas las capas y niveles que constituyen ambos grupos en conflicto con el fin de poder ir institucionalizando una coexistencia pacífica.
 
De todo lo que se puede ir deduciendo del pensamiento, creo que hay un punto importante que nos puede servir para conectarnos con el pensamiento de Dalal: la consideración de la importancia del grupo social, el grupo grande, en la constitución del individuo. En efecto, el pensamiento de Volkan pone mucho énfasis en la importancia de cómo el conjunto de hechos históricos marcan las características de lo que denomina identidad del grupo grande que, a su vez, viene a ser como el envolvente psíquico que protege el desarrollo de las personas a las que acoge. Cierto que la idea de “envolvente psíquico” puede ser controvertida desde la posición de Dalal, sin embargo, esa idea de membrana psíquica colectiva que parece constituirse como el elemento diferenciador respecto a otras membranas psíquicas y, lo que me parece más importante, cómo esa membrana se entreteje en la constitución de las identidades individuales, me parece útil. Sobre todo si consideramos que en realidad no se trataría tanto de una membrana envolvente, cuanto la consecuencia de las interdependencias vinculantes que se establecen entre las personas que constituyen un grupo grande, un grupo social. Y por ahí es por donde podemos introducirnos en el pensamiento de Dalal.
 
Farhad Dalal:
Farhad Dalal es un médico nacido en la India y perteneciente a los Parsis, comunidad que se considera descendiente de Zoroastra, y que a los 12 años emigra a Londres lugar en el que actualmente reside. Formado como grupoanalista, en la actualidad está vinculado a la red de psicoterapia grupoanalítica y a la facultad de negocios de la Universidad de Hertfordshire (2002[6]).
 
A diferencia de Volkan, pocos más datos biográficos conocemos de él, más allá de mencionar a su mujer, Pauline Handerson (2002[7]) y el comentario de ser de color lo que le aporta una experiencia personal en relacion a cómo este aspecto influye en las relaciones interpersonales, sobre todo tras el hecho de haber disfrutado de la distinción proveniente de su grupo étnico, en la India.
 
Dalal es autor de diversos trabajos publicados en la revista Group Analysis que creo podríamos englobar en dos apartados. Uno de ellos el que guarda relación con los aspectos sociales y su influencia en la estructura de la psique en tanto que el otro se centra más en aspectos de tipo técnico o incluso teórico del grupoanálisis. En el primer grupo, un de los trabajos de los que tengo referencia el que aparece en 1997[8]que proviene de otro que fue presentado en el primer simposio de la Asociación Europea por el Grupoanálisis Transcultural. En dicho texto ya aparece una primera hipótesis sobre la influencia del color como elemento estructurante tanto de la sociedad como de la psique. Igualmente podríamos incluir en este apartado otro de sus textos, el del 2001, en el que se plantea el concepto de Inconsciente Social desde una perspectiva post Foulkesiana. Es un trabajo también muy recomendable por cuanto sienta las bases que servirán para su segundo libro, éste sobre el tema racial.
 
En el segundo grupo hay un trabajo publicado en 1995[9]en el que analiza el tipo de intervenciones que puede realizar un conductor. Es un trabajo muy interesante por que nos remite a las diversas formas que existen de intervención psicoterapéutica y nos permite pensar sobre el lugar en el que nos ubicamos, la manera que tenemos de enfocar los problemas que aparecen en un grupo, la dirección de nuestras intervenciones y en cómo las hacemos.
 
En el 2004[10], esto es, posteriormente a su texto del 1998 que es el foco de nuestra atención, aparece un trabajo en el que, mas allá de abordar los elementos económicos en el grupoanálisis que también son motivo de un trabajo adjunto escrito por Zamagni, S. (2004[11]), señala que fueron las vivencias que experimentó en el simposium de Boloña organizado por la Group Analytic Society, las que le animaron a escribir su primer libro. Y entre ambas fechas, aparece un interesante debate entre Lavie, J. (2005[12]) que realiza una crítica al texto de Dalal, y las correspondientes respuestas de éste, debate que se cierra en otro número de la revista aparecido en el 2006 en el que Earl Hopper[13] acaba clarificando algunos de los extremos debatidos.
 
Posiblemente uno de los nexos entre Dalal y Volkan tenga que ver con sus propias experiencias personales. En efecto, y si en el caso del segundo ya han quedado claras sus experiencias como Turco-Chipriota y parece bastante evidente la preocupación por tratar de colaborar en la pacificación entre colectivos grandes, en el caso de Dalal, su emigración de pequeño a la metrópoli proviniendo de un Bombay en donde gozaba de una relativa buena posición y la constatación de que su piel es de color, parecen estar en la base de, al menos una de sus preocupaciones: los problemas relativos a la raza y el color. But why the focus on colour racism at all? There are two answers here, one subjective and personal and the other a little more objective. The personal reason comes out of the experience of me, a self-evidently “coloured” person, living in London where I have been one of the dark people. But my firs 12 years were spent in India where, as a Parsee, I was perceived as one of the lighter complexioned people. As a lighter person I was definitely someone to be looked up to and privileged in various ways. In contrast, aspects of the experience of being a “darky” in Britain were at times feelings of being fearful and anxious, but not for reasons that could always be clearly seen and stated (2002:3) De hecho, el texto sobre “Race, Colour and the Processes of Racialitation”, es uno de los más trabajados y en el que, apoyándose en Fanon, Freud y Matte-Blanco se introduce en la compleja realidad derivada de las diferencias raciales, y en especial, con los negros.
 
Ahora bien, siendo este trabajo el resultado de un considerable esfuerzo por profundizar en la dificultad que tenemos en integrar las diferencias que se articulan con los temas de raza y color, el trabajo anterior que es el primero que tuvimos ocasión de conocer, no deja de evidenciar un espíritu de investigación meticulosa y ampliamente sostenida por la aportación de otros autores. En este sentido, el esfuerzo plasmado en su trabajo Taking the Group Seriously, merece una atención particular.
 
En esta primera obra en formato libro, Dalal se decide por realizar un minucioso estudio de la obra de Foulkes que nos permite visualizar lo que denomina “dos Foulkes, el ortodoxo y el radical.”  El primero se fundamenta en Freud en tanto que fue psicoanalista. De hecho, llegó a ser director del Instituto Psicoanalítico de Frankfurt, período en el que inicia sus contactos con lo que inicialmente se llamó Instituto de Investigación Social que nació al amparo de la Universidad de Frankfurt, y que dio pie a que posteriormente se denominara la escuela de Frankfurt, escuela que creó nombre a través de autores de tan reconocido prestigio como Horkheimer, Adorno, Benjamin, Fromm y Marcuse. Igualmente Foulkes mantuvo contacto con la escuela de la Gestalt, dado que ésta compartía espacio con el Instituto Psicoanalítico en la Universidad de Frankfurt.
 
Siguiendo a Dalal, la obra de Freud se centra fundamentalmente en el estudio del individuo, del psiquismo humano entendido desde la vertiente individual. Desde esta perspectiva habría una visión (que posteriormente calificará de romántica), por la que el cachorro humano nace cual tabula rasa sobre la que las influencias del entorno irán haciendo mella y colaborando a la constitución del aparato psíquico: at the beginning of life, the Freudian infant is objectless. It is a closed energetic system, driven from within, by two distinct “wellsprings” of energy- the instincts (2000:21).  Éste se organizaría básicamente a partir de los procesos de identificación (introyección, proyección, identificación proyectiva), siendo el impulsor básico la búsqueda de la satisfacción instintiva. El primer capítulo de su trabajo es una visión descriptiva de la aproximación individual,  como no podía ser otra, de la psique humana.
 
Tras centrarse en la obra de Freud que es la que le da el sustrato ortodoxo, Dalal nos introduce en el trabajo de Foulkes. Desde la posición ortodoxa señala que  It seems to me that Foulkes implicitly has in mind the orthodox psychoanalytic community at all times, and is acutely aware of the position of his Group analytic theory in relation to them(2000:33)  Pero a partir de este punto, nos introduce en el otro aspecto, el que denomina Radical ya que sus planteamientos rompen totalmente con el planteamiento psicoanalítico, del cual también es deudor, y que beben de otro autor con quien también se siente cercano: Norbert Elias.
 
En efecto, Norbert Elias, fue persona influyente en la obra de Foulkes. Este Sociólogo que había estudiado previamente medicina, fue una figura cercana a Foulkes y al parecer (Menell, 1997[14]; Nixon, 1998[15]) no sólo fue miembro de la Sociedad de Grupoanálisis sino que coparticipó en su creación. Elias (1897-1990) nace en Breslau, Alemania, actualmente la ciudad Polaca de Wroclaw. Tras prestar su servicio en la primera guerra mundial, estudia medicina y filosofía en la Universidad de aquella ciudad alcanzando el grado de Doctor en Filosofía en el 1922. La situación política y económica le aconsejan estudiar sociología; se traslada a Heidelberg  en donde trabaja con Alfred Weber, y se hace amigo de Karl Mannheim. Cuando éste adquiere la cátedra de sociología en Frankfurt, Elias se traslada ahí y acaba siendo un cercano colaborador suyo.  Como muchos académicos alemanes, Elias abandona su país al poco de subir Hitler al poder, primero yendo a París y posteriormente a Inglaterra a donde llegó de la mano de Patrick Murray, en tanto que Fuchs (Foulkes) lo había hecho  de la mano de Ernest Jones. En Londres se encontró también con otra persona que también procedía de Frankfurt: Karl Mannheim.
 
Ya el Inglaterra escribe la que será su obre principal, “El proceso de la civilización” que fue publicada en Suiza, primero, y en Inglaterra posteriormente. Escribió numerosos trabajos (en el número de la revista Group Analysis se contabilizan hasta 130 entre los publicados en Alemán e Inglés). Tras múltiples vicisitudes, deja Londres en 1954 para incorporarse a la cátedra de Leicester. A partir de 1975 vivió en Alemania y en los Países Bajos, donde muere en Agosto del 1990.
 
Los aspectos más relevantes de su teoría sobre el ser humano y que va apareciendo en diversas de sus publicaciones son los siguientes: el concepto de configuración, que es como la estructura o el modelo con el que nos constituimos como individuos y que deriva de las relaciones que mantenemos con los demás. Esta configuración nos da una determinada forma de ser que surge de la interdependencia que mantenemos con el resto de los seres humanos. Dichas interdependencias se corresponderían a las diversas relaciones de poder con las que unos estamos sujetos a los otros. Estas relaciones, las de poder, equivalen a lo que en física se podría corresponder a la teoría de la gravedad (Newton). En este sentido las personas todas ejercemos, desde el mismo momento de nuestra existencia, un poder sobre los demás que es el que determina las configuraciones con las que cada uno de nosotros está constituido y constituye sus relaciones con los demás.
 
Al considerar la manera con la que cada uno de nosotros está configurado y cómo configura al otro podemos pensar al individuo no como tradicionalmente lo hacemos, esto es como Homo Clausus, sino como “Homines Aperti”, conceptos que también corresponden a Elias. Dicha forma de pensar elimina la dualidad mundo interno-mundo externo que pertenece a un pensamiento cartesiano para dar lugar a una visión del ser humano en continua interacción con el resto de la humanidad y de la naturaleza. A partir de estos dos conceptos, el de Configuración y el de Homines Aperti, podemos comenzar a considerar de forma más clara la noción de red y de matriz tal y como posteriormente la definiera Foulkes (Gfäller, G.R., 1993[16]).
 
Los elementos constitutivos del pensamiento de Elias se podrían resumir en:
 
1- habla, pensamiento y conocimiento son formas de una misma entidad: el símbolo.
 
2- su ubicación no se encuentra ni dentro ni fuera del sujeto, rompiéndose así la dicotomía cartesiana en la que nos encontramos.
 
3- el símbolo se forja a través de la actividad social y de las relaciones de poder.
 
4- su forma determina cómo uno vive en el mundo, como se vive a sí mismo, como son sus relaciones y cuáles son sus experiencias.
 
5- al ser creado por la actividad social, esa misma actividad social garantiza su permanente recreación. (Dahlal, 2000)[17].
 
Al parecer sus aportaciones ejercieron notable atracción en el padre del Grupoanálisis, habiendo incluso planeado el escribir un texto conjuntamente, y habiendo sido uno de los iniciadores del Instituto Grupoanalitico de Londres. Elias se centró básicamente en el estudio del proceso de la civilización teniendo como pilares básicos dos ideas que me parecen fundamentales. Por un lado la de poder. Según este principio los humanos ejercemos permanentemente cotas de poder sobre el resto de quienes nos rodean, poder entendido de forma similar como podríamos entender la idea de “fuerza de gravedad”. Es a través de los mecanismos de poder cómo los hombres nos organizamos, nos entrelazamos, nos interrelacionamos permanentemente, desde nuestra más tierna infancia. Como parece que la palabra poder genera un cierto rechazo al escucharla ya que primordialmente le damos una connotación de tipo político, substituyámosla por la de coacción, coerción, o condicionamiento. Si bien en cualquier caso, sigue siendo lo mismo.
 
El segundo pilar sobre el que se fundamenta es el de la interdependencia entre los seres humanos. Para Elias todos los hombres somos interdependientes, formamos una nutrida red de interrelaciones que le llevan a dicho autor a poner el acento no tanto en la individualidad sino en la colectividad. Y sobre todo, a desgajarnos de la idea de la existencia de un mundo interno y otro externo.
 
Pues bien, una vez introducido Elias, Dalal acaba realizando una disección completa de la obra de Foulkes pudiendo deslindar con bastante precisión lo que denomina Foulkes ortodoxo (aquel que sigue la teoría Freudiana) del radical (el que sigue a Elias y sus planteamientos sociológicos, a la escuela de Frankfurt y a la Psicología de la Gestalt). A partir de ahí nos ofrece lo que para él resulta una revalorización de la teoría grupoanalítica, incorporando para ello las aportaciones de Matte-Blanco, como uno de los elementos que nos puede permitir comprender la importancia del lenguaje que sería, siguiendo a Elias, la base sobre la que nos edificamos.
 
Los elementos constitutuvos de lo que Dalal denomina foulkes radical son:
 
1- priorizó el grupo sobre el individuo.
 
2- señaló que el grupo es una categoría contingente, un constructor, una reificación.
 
3- priorizó el todo sobre las partes.
 
4- puso énfasis en la interconexión de la existencia.
 
5- priorizó lo externo sobre lo interno.
 
6- priorizó los procesos por encima de los constructos.
 
7- priorizó lo social sobre lo biológico.
 
8- priorizó la transmisión sobre la herencia.
 
9- priorizó el inconsciente social sobre el inconsciente freudiano.
 
10- atribuye un rol fundamental a la comunicación en la teoría grupal.
 
11- diferenció el grupoanálisis sobre el psicoanálisis (Dalal, 2000: 64-6.)
 
Evidentemente no es aquí el lugar para exponer lo que Dalal nos ofrece de forma muy pedagógica (contrasta con el siguiente libro, que es más denso y académico), pero quisiera poder subrayar dos elementos que creo aúnan a los dos invitados al congreso. Por un lado la importancia de lo social en la construcción de la psique individual, y por otro la transmisión transgeneracional.
 
En efecto, tanto uno como el otro, ponen énfasis en que el psicoanálisis, aún considerando la importancia de lo social y en particular en su intervención en la constitución de lo superyoico, no tiene muy en cuenta la importancia que el grupo social en el que nace el individuo en la constitución de su psique, ni en la de sus puntos de referencia. La sociedad, el grupo social al que pertenece cada individuo, dispone de una serie de elementos (por ejemplo los mitos sociales, los lugares calientes, los elementos de identificación colectiva) que sirven de anclaje al conjunto de elementos que acaban constituyendo el registro de significados y significantes individual. Volkan se basa en Erikson para definir la identidad que definió como a persistent sameness within oneself  ...[and] a persistent sharing of some kind of essential character with others (Volkan, 2001:81[18]), y a partir de esta idea diferencia lo que sería el aspecto íntimo de la identidad que sería el  an individual’s inner working model- he or she, not an outsider, senses and experience it (2001:81), de lo que como Kernberg y él mismo indican la organización personal. Por este último término se entiende  the psychoanalyst’s theoretical and metapsychological explanation of the inner experience and construction of a patient’s self-representation and the nature of this individual’s internalized object relationships (:81). Tomando la idea de Erikson, Volkan define lo que sería la identidad del grupo grande (entendida como aquel grupo social caracterizado por disponer de un elemento racial, étnico, religioso que lo unifica), identidad que se transmite a todos y cada uno de los miembros que lo constituyen. Eso, en terminología de Dalal que vendría prestada por Elias y Foulkes, es hablar de las intedependencias que, basadas en mecanismos de poder y de deseo de pertenencia, aúnan a los miembros de un grupo o colectivo. Estas interdependencias, que para mí son vinculantes, dado que se sostienen y mantienen a través de las estructuras de lenguaje con las que estamos hechos los humanos, se transmiten de generación en generación. Cuando, siguiendo a Volkan, los miembros de un colectivo sienten que su identidad está en peligro, pueden reaccionar violentamente contra el grupo que las hace peligrar.
 
La psique individual, pues, estaría formada a través de las intedependencias que se establecen con los miembros del grupo en el que cada uno queda insertado, y en tanto que tal grupo pertenece a uno más amplio, podremos acabar señalando que la constitución del aparato psíquico individual viene determinado por la sociedad a la que uno pertenece. Esta sociedad iría transmitiendo generación tras generación las características que la sostienen con el fin de preservar eso que se puede denominar identidad colectiva, o social. Basten pues estas líneas para que tengamos una ligera idea de algunos de los elementos que constituyen el pensamiento de estos dos autores que han aceptado asistir a nuestro encuentro y ayudarnos a seguir pensando sobre estos y otros temas relacionados.
 
 
 

 

 
 
 
 
REFERENCES:
 
[1] Volkan, V.D. (2006.) Killing in the Name of Identity. A Studi of Bloody Conflicts. Virginia, Pitchstone.
 
[2] Volkan V.D.  (2005.) El Psicoanálisis en las Relaciones Internacionales y las Relaciones Internacionales en el Psicoanálisis. Bajado.
 
[3] Levine, H.B. (2005.) Large Groups Dynamics and Word Conflict: The Contributions of Vamık D. Volkan.
 
[4] Volkan, V.D. (2005.) Large-Group Identity, Large Group Regression and Massive Violence. Presenten at Molde, Norway, ( july 2, 2005 version.)
 
[5] Volkan, V.D.  (2004.) Blind Trust. Virginia, Pitchstone Publ.
 
[6] Dalal, F. (2000.) [1998] Taking the Group Seriously. Towards a Post-Foulkesian Group Analytic Theory. London and Philadelphia, Jessica Kingsley Publ.
 
[7] Dalal, F. (2002.) Race, Colour and the Processes of Racialization. New Perspectives from Group Analysis, Psychoanalysis and Sociology.
Hove and NY. Brunner-Routledge.
 
[8] Dalal, F. (1997.) A Transcultural Perspective or Psychodynamic Psychotherapy: Addressing Internal and External Realities. Group Analysis, 30(2):203-15.
 
[9] Dalal, F. (1995.) Conductor Interventions: To “do” or to “be”? Group Analysis, 28(4):379-93.
 

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